caminos laterales

Caminos laterales
Por Felipe Aranda
Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.
Pessoa
Granada es una ciudad alucinada o alucinante, cosmopolita, con un pasado árabe que nos habla de una ciudad consagrada a la belleza, y a la cultura. Lugar en el que Federico García Lorca diera rienda suelta a su pluma jonda, con la rabia del toro herido en la plaza y toda la sangre gitana en el tablao. Él, con otros y otras, vigilan la calle Elvira, el Albayzín y el Sacro Monte.
Así, en la ciudad de la Alhambra nos decidimos a buscar, entre sus callejuelas y sus cientos de bares y noches a los bohemios, a los creadores, a las que todavía andan colocadas y para los que nunca se acaba la juerga, porque la vida tiene el alma chispeante como la cerveza.
Hablamos con distintas personas, sobre la creación y los estados alterados de la conciencia, visitamos el café Anaïs, lugar de encuentro de literatos y artistas de ojos rojos, con la boca sedienta y en busca de una barra de bar que pueda sostenerles en la incertidumbre del final del otoño. Aparecieron personajes amados y odiados, historias delirantes como la de un coala borracho que vive en un armario, la sociedad esquizoide en la que vivimos, y de cómo creemos estar limpios y sin embargo siempre estamos bajo el influjo de alguna sustancia para poder seguir sobrios entre tanta sordidez.
Marlene Figueroa, psicóloga por la Universidad Central de Chile nos dice sobre los estados alterados de conciencia: “ (…) lo de la conciencia tiene que ver con escuchar e interpretar lo que tu escuchas, respecto de las vivencias que tienes en tu vida. Es de alguna manera lo que te conecta con los demás, con los puntos de vista de los demás. Y cuando se habla de una alteración de conciencia o de pérdida del juicio de la realidad, se habla de personas que vivencian e interpretan la realidad de una manera muy distinta de cómo lo a hace la mayoría de la gente. Y puede haber estados de conciencia alterados por el uso de sustancias o pueden ser también brotes dentro de un trastorno más crónico. Y es una situación donde las personas podrían tener una cercanía con sus percepciones, diferente de la que tendrían en un estado ‘normal’.”
Entonces qué relación tendrían los estados de concia alterada y la creación. Son entonces las y los creadores seres fuera del mundo real, adictos crónicos o desadaptados sociales. Y agrega: “(…) existe de acuerdo a los casos y personajes que han existido una vinculación con el arte y la locura. Entonces ahí podemos encontrar a personajes que se rayaron y crearon sus máximas obras de arte y cabe la pregunta ¿qué es producto de qué?, ¿la obra es producto de la locura o la locura es producto de la obra?.”
Sin embargo diferencia la locura crónica, que impide la adaptación, y el genio delirante, que descubre nuevas formas de interpretación pero que sigue anclado a la realidad, la que utiliza como soporte para su búsqueda estética. E incluso nos habla del creador como una suerte de vidente: “ (…) el arte es algo que sale de ti, es una producción tuya, que tiene un valor entre comillas simbólico. Y se está tratando de entender la locura como un estado. Y el creador es capaz de abrir una realidad que al ser tan sorprendente se aleja del juicio de realidad de los demás, como Copérnico, como Colón o Galileo Galilei. Cada genio, cada persona que fue capaz de ver algo distinto, que estaban en el extremos. Fue tachada de loca y te das que son los grandes generadores de cambios en la historia.”
En el sentido místico de la creación, Joaquín Roldán creador visual y docente de la Universidad de Granada nos dice: “ (…) lo que yo tengo más estudiado son los estados alterados de percepción en la experiencia estética no tanto en la creadora como en la espectadora, digamos, cuando estamos observando y eso le pasa también al creador, es decir, el creador también tiene una experiencia estética cuando se pone a crear y mientras está creando, que habitualmente se entiende sólo como experiencia estética la del espectador cuando está parado frente a un cuadro en un museo y flipa. Pero vamos para mí un creador igualmente tiene que pasar o vivir una experiencia estética, ante esa obra en transición, ante esa imagen que ve en su interior y esa imagen que está construyendo en exterior. Ahí hay un enamoramiento, una visión distinta, y en ese momento, pues, si estudias un poquito la experiencia estética te darás cuente que todo el que habla de la experiencia estética habla de la experiencia mística que están muy relacionadas en cuanto a efectos de conciencia.”
Y agrega a esta la experiencia mística sagrada el caso de los Derviche miembros de una hermandad religiosa Sufí: “(…) yo tenía compañeros en la facultad compañeros que estaban en sectas suníes y pintaban a la vez que llegaban a un estado alterado de conciencia a través del rimo de la música, por ejemplo, que son los Derviche, que yo he visto también en Sudan y la verdad es que es un espectáculo increíble”.
Con respecto al creador y el producto artístico opina: “(…) para mí una obra de arte de las que a mí me interesan, que son aquellas que nos transmiten conocimiento artístico, no son tripis, pueden haber sido provocadas por un tripi. Basquiat estoy convencido de que fumaba mucho pa´ pintar lo que pintaba incluso tenía una neurona tocadilla. Y es conocida la relación de los creadores con alguna sustancia; Picasso por ejemplo y su relación con el absenta, pero yo creo que el artista tiene que crear en un estado alterado de conciencia estoy seguro de eso, pero que eso tenga que venir necesariamente de una sustancia sicotrópica no lo tengo claro, el cerebro ya se encarga de producir sustancias que alteran la conciencia. Estoy pensando ahora en Van Gogh, es un caso claro de que la sustancia no provocan la creación sino que la inhiben. Cuando el tomaba la medicación, para sus problemas mentales no se sentía para nada mejor sino todo lo contrario, y así se lo escribe a Teo su hermano. Siempre se habla de que Van Gogh, (es una bobada lo que voy a decir) pero es, así se ha dicho, el mito de los locos que pintan así porque están locos. En el caso de Van Gogh desde luego no, porque el mismo dice, admite y lo deja bien claro que cuando pinta es cuando esta cuerdo y cuando no, es cuando no puede pintar es cuando se siente loco, se siente alocado y eso le impide, le inhibe toda su capacidad expresiva. Yo creo que son líneas distintas, cada persona puede haber abierto en su mente, en su capacidad expresiva de muchas formas distintas esos caminos laterales, por los que el creador necesariamente tiene que ir. Ahora quien, como en nuestro mundo pasa necesita una sustancia psicotrópica, porque el estado habitual de conciencia lo tiene demasiado adormecido.”
Transito Miranda, creadora visual, nos habla de su paso por la universidad y de los estados de ansiedad, por la presión de la carrera y de cómo llego a ocupar el alcohol y el insomnio como vehículo de creación: “ (…) la ansiedad viene, yo creo que viene porque no nos vemos capaces de resolver lo que tenemos entre manos, de una forma más o menos digna (…). Entonces de ahí la ansiedad y las ganas de hacerlo todo rápido. Yo creo que la ansiedad no ayuda. Y el alcohol tampoco. Tú funcionas con unos códigos determinados o estás atenta a unos códigos determinados. Entonces en tu vida diaria te afecta verlo todo con una composición, con estética. Como que trabajas todo el día. Todo lo que ves lo quieres llevar a algo físico que es tu obra, entonces todo te afecta y es normal que la ansiedad haga su función, porque no tienes un ritmo normal. Y yo como creadora me siento con la conciencia alterada continuamente.”
En el Anaïs
Con Transito nos dirigimos a la calle buen suceso, donde se encuentra el café literario Anaïs, lugar de encuentro de un grupo de literatos de la ciudad; que religiosamente se juntan cada lunes para realizar lecturas de relatos y poesía, en lo negro de la noche y para el misterio del humo y el alcohol que el cantinero ofrece al que así se lo pida.
Manolo Aguilar uno de los dueños del Anaïs nos cuenta algunas cosas sobre la gente que visita el bar: “Bueno ellos vienen su día de reunión que son los lunes, pero luego tengo muchos fijos vienen pintores, vienen escultores y entonces se reúnen. Muchas veces de lo que menos hablan es de arte, vienen por faena.”
Este día se supone que leerá, una poeta joven, procedente de Barcelona, su nombre, Ana Gorría, pero luego se nos informa que no podrá asistir porque se encuentra enferma afectada por una gastroenteritis. Aunque sin poeta la lectura se realiza de igual forma gracias a que otro literato le presta la voz a la joven barcelonesa. Una vez finalizado el acto nos dirigimos a la mesa donde se encuentran los escritores para realizar una pequeña entrevista previamente pactada.
César Requesens, escritor y periodista nos advierte que no bebe ni fuma, pero se disculpa diciendo que ha dejado el cigarrillo por una afección pulmonar pero que antes de eso se fumaba tres paquetes de tabaco al día. Y luego nos dice con respecto a la creación literaria: “la creación misma es la droga, cuando tú te pones a escribir, que es mi caso se produce un estado alterado de conciencia en el sentido de que, se ha alcanzado un punto imaginario y entras, accedes al discurrir imaginario. Eso te produce una sensación muy placentera o muy sufrida, pero también te produce una apertura mental, una apertura de conciencia, en la cual estas a la vez en la realidad y a la vez en el mundo imaginario.”
Requesens, desmitifica la figura del escritor autodestructivo y el tópico del alcohol: “(…) yo creo que la necesidad de sustancias, esa famosa botella de whisky al lado de la máquina de escribir, como le ocurría a Hemingway, yo creo que es una falta de autoconocimiento, por donde está el vehículo hacia la creatividad. Lo que sí que es cierto es que cada escritor tiene unos rituales, que es una invocación a la musa y que si esa musa se analiza, es la misma musa que inspira al borracho cuando se pone a decir tonterías.”
De igual modo el escritor abstemio posee un mundo de delirio que es en el que se sumerge cuando escribe: “yo escribí una novela, mi primera novela, que se llama Supermercado del espíritu, y que ha habido gente que la ha leído y me ha dicho ‘joder Cesar, es que te pones a leerla y es una especie como de delirio.’ Efectivamente cuando la escribía me ponía a escribir como a la una de la mañana y dejaba de escribir a eso de las seis de la mañana, que era cuando empezaba a tocar la campana del convento que tenía al lado de mi casa. Y alguna vez me pase el fin de semana entero. Yo durante ese fin de semana tenía la sensación más de estar viviendo en el mundo imaginario que me había montado más que en la realidad que tenía alrededor. Y llegó un momento en que me pareció mucho más agradable el mundo imaginario que el mundo real. Entonces bueno yo tenía esa familiaridad de la que me costaba volver y abandonarla. Y creo que también es una tentación.”
El creador es un ser dual, que vive en un mundo dual, en el mundo literario y el real, dimensiones que se juntan y que le alucinan o lo hacen un ser alucinado. Los escritores que se creen su alucinación o que vivir en el mundo alucinado es una obligación, viven en una pose y se creen su propia película. Requesens: “(…) el escritor que se cree la pose, del escritor maldito, ocurre muchas veces que si deja de ser maldito deja de ser escritor (…) yo creo también que la creatividad tiene mucho que ver con una mete sana. La verdadera salud mental está en la convivencia con la enfermedad. Todos tenemos todo tipo de enfermedades, todos somos un poco alucinados, un poco esquizofrénicos, un poco sicóticos, un poco neuróticos. Y te puedes encontrar escritores devorados por su propio personaje por ejemplo Francisco Umbral. Nos movemos en los terrenos literarios donde todo es dual, y donde todo es polisémico, donde todo tiene muchas lecturas.”
Ginés Cutillas escritor, en cambio nos cuenta un cuento que escribió una noche gracias a unos cuantos grados alcohólicos demás corriendo por sus venas. Historia de un coala borracho que vive en el armario de un hombre y de como este que al ver al animal tan risueño y tan de peluche decide guardarle el secreto firmando un pacto de silencio con la criatura para poder seguir la convivencia.
Cutillas se refiere a los estados anímicos como los reales vehículos hacia la creación: “Yo creo en los estados anímicos, las drogas por ejemplo, yo nunca he escrito bajo la influencia de las drogas y por lo que me han dicho la gente que escribe todo lo que crea bajo ese dominio no es bueno. Bajo el imperio de los sentimientos como que estás jodido, yo por ejemplo cuando estoy jodido me sale poesía, yo no soy poeta pero cuando estoy jodido me sale poesía. Y es una manera que tengo para sacar lo peor de mí. Los cuentos salen de una reflexión más parada y más lúcida. Un buen cuento o un buen poema lo que busca es descolocar a esa persona de su realidad porque la vida real no es ir a la oficina. Un buen lector siempre busca lecturas, un autor siempre te lleva a otro, como las drogas una te lleva a otra.”
Y sobre los malditos reflexiona: “Hay autores malditos como Henry Miller o como Bukowski que los asocias a estados extremos de la espiral de la autodestrucción, autores que más bien se convierten en personajes suyos. De estos personajes hay siete u ocho, y escritores hay miles y malditos tampoco hay tantos.”
En cambio reconoce la importancia del bar como punto de encuentro: “El Anaïs en Granada un punto de encuentro para los escritores poetas y cuentistas, novelistas también, todos los lunes venimos aquí a ver caras conocidas a intercambiar ideas, como un club. Es un punto de referencia de lo que pasa en la ciudad. Y yo me lo paso en los bares, con amigos y de bares.”
Mientras Ginés destaca la importancia del bar recuerdo lo que me dijo Joaquín sobre los bares, de cómo estos se han convertido en las nuevas Ágoras de nuestro tiempo: “(…) es el lugar donde nos encontramos con los demás y compartimos cosas la excusa es beber.” Y es verdad hoy en el Anaïs la excusa ha sido la bebida pero gracias a esto escuchamos los versos de Ana Gorría, y las grandes alucinadas de los escritores que por aquí transitan, haciendo su camino lateral, bajándose del mundo o empujándolo quién sabe. Con Transito Miranda nos miramos y me dice que ya tiene las fotos y que todavía le queda algo de resaca del día anterior, entonces se ríe y me dice esto de la bohemia es que nunca paga bien pero es más divertida la vida con un cigarro y una copa y si hay alguna otra cosita mejor. Y nos vamos hablando de la noche de los versos no sin antes citarnos para el otro día en el bar de la esquina.
*Fotografías Transito Miranda, Café Anaïs.